Crónica de una borrachera anunciada
Ha pasado como un mes… pero intentaré hacer memoria…
Una vez allí, buscábamos fabes acompañadas de lo que fuese, aunque acabamos con ensaladas varias, sopas, patatas con pulpo y unos buenos escalopines al cabrales, todo ello regado con mucho zumo de uva, ya que había que esperar al de manzana si queríamos sobrevivir a la larga noche. La comida la animó el camarero, harto, supongo, de no atender muy a menudo a una tropa de bellezas, ya que hicimos que su jornada laboral fuese menos dura, por eso de alegrarle el ojillo… Después de soplar la vela, que venía incluida en el flan, la cumpleañera nos emocionó, sobre todo a Elena, con su brindis de palabras.

No podía faltar la siesta para hacer la digestión y las más lanzadas, casualmente hipotecadas, recorrieron comercios varios en busca de chollos para decorar sus hogares.

Llevadas por el olor de la sidra, ¡¡¡vivan las manzanas!!! Y acompañadas por nuestros fichajes asturianos, fuimos a un bar cutre a preparar los estómagos. A los gritos de: “¡Que corra la sidra!” o ¡Sidra sin control!” vaciamos botellas y botellas y nunca se nos quitaba la sed.

Ahí llegaron los besos en la calva de alguno o imparables visitas al señor roca a vaciar nuestras vejigas. Cuando, prácticamente, habíamos terminado con la sidra del local, lo abandonamos en busca de más jolgorio. Bares y más bares sin llevar nunca las manos vacías; hasta un sin-pa que hicimos, ya que la camarera no nos hacía caso…

Luego nos pasaron las cosas “típicas” de cualquier fiesta: a Sonia se la caían las copas, Mónica luchaba por salir en las fotos, a Elena se le pegaba el gesto del jevy-metal, Nerea se mareaba, Marian descubría lo que era mezclar alcohol, Maripi pensaba en su marido y a una servidora se le saltaba la lentilla del ojo. Cuando llegó el momento en que en nuestros cuerpazos no cabía ni una gota más de alcohol, decidimos retirarnos de la dura noche y recostarnos en posición horizontal.

Muy duro fue incorporarse a la mañana siguiente, ya que nuestras frentes se empeñaban en pinchar nuestras cabezas (si no, que se lo pregunten a Marian). Cual supervivientes, nos arrastramos a desayunar como marquesas y acto seguido huimos a Ribadesella. A punto estuvimos de vallar nuestra parcela para el finde del descenso, pero pensamos que tiene más emoción ir a la aventura, jeje. Allí, sí que comimos fabes, por fin. Con toda nuestra resaca, volvimos a los hogares. Ahora, esperando a la siguiente.